¿Nos confesamos?

  Resucitemos a la gracia con una buena confesión

 

Preparemos nuestra confesión ayudándonos del examen de conciencia.

Y preguntémonos, pensando en el tiempo transcurrido desde la última

confesión, sí en este tiempo:

Respecto a Dios

  ¿Agradecí a Dios, o recé sólo cuando necesité algo? ¿Me acordé de rezar al comienzo y al fin del día? ¿Participé de la misa el fin de semana? ¿Mostré mi fe sin respeto humano? ¿Alimenté mi fe con devociones, lecturas, grupos apostólicos? ¿Cumplí mi deber misionero?

Respecto a los demás

  ¿Alegré a los demás, o los hice sufrir? ¿Perdoné a los que me hicieron mal? ¿Mentí? ¿Critiqué? ¿Tomé o retengo algo ajeno? ¿Fui solidario con los necesitados de tiempo, afecto, cosas? ¿Fui responsable al conducir? ¿Evadí obligaciones? ¿He dado mal ejemplo? ¿Cumplí mis obligaciones de padre, de hijo, de cónyuge?

Respecto de mí mismo

¿Fui moderado en el comer y beber? ¿Cultivé mi salud, mis talentos, mis relaciones?

 ¿Fui humilde? ¿Fui desprendido y generoso, dando según mis posibilidades a los pobres, a la Parroquia, a la comunidad? ¿Cuidé la pureza en pensamientos, afectos, acciones? Por ejemplo en mi noviazgo, ¿no anticipo lo que es propio del matrimonio?

Respecto de los vacíos capitales y virtudes opuestas

  Soberbia o humildad, avaricia o generosidad. lujuria o castidad, ira o mansedumbre, gula o templanza, envidia o caridad fraterna, pereza o fervor.

 

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